viernes, 31 de mayo de 2013

TE ROBASTE MI CORAZÓN



Franz Magín Moya Choque


Me robaste una sonrisa al mirarte,
Y Cuando por vez primera me hablaste
te robaste mí corazón;
Desde que estoy a tu lado
la luna brilla como el sol

Mis pensamientos se vuelven palabras
y puedo expresarte mi amor
Me diste un beso en los labios
y llevaste a mis noches la luz.


Estás sentada bajo la luna
mientras mis manos acarician tu piel
siento que hoy mi vida tiene un sentido,
sólo a tu lado me siento feliz.


Aquel vacío de mi corazón
Se fue como el río hacia el mar,
Ahora estoy compartiendo contigo
Una nueva vida y una inmensa pasión.

jueves, 30 de mayo de 2013

CARTA PARA MI “MAMA” MARÍA



DESDE

Madre,
desde esa madrugada
de asombros
y de ternuras,
he ornamentado
la vida
con el pincel
de caricias,
que me donaste,
¡tan pródiga!

Madre,
desde ese medio día
de escudos
y de batallas,
de aceros
y de fraguas,
de mil torres
albarranas,
he ornamentado
la vida,
con el pincel de granito
que tú
dotaste
a mi sino.

Madre,
desde esa media tarde
de trova
y filosofía,
de libros
y de neuronas,
he investido
la vida
con el pincel
de la esfinge
que donaste
a mis pirámides.

Madre,
desde el ocaso
de hinojos,
del Grial y la Santa Cruz,
¡del ungir
los mil senderos
con parábolas pletóricas!
donadas
a mi cayado
por tu sayal consagrado,
voy dibujando
la vida
con el pincel
trashumante,
que de dársena
a algún estuario,
de mesones
a hospedajes,
trata de arribar
-poseído-

al nirvana
de tus dones,
para,
-el niño asaz sediento-
¡reposar
en tu regazo!

Ginebra, otoño de 2011
EDMUNDO TORREJÓN JURADO

miércoles, 29 de mayo de 2013

Mi corteja

En mi memoria no deja
Aun de tener vigencia,
-¡vaya qué santa paciencia!-
la imagen de mi corteja.

Era del barrio San Pancho
Y algo tenía de bonita,
Lo mejor, tal vez, su carita
Que era notable en su gancho.

Aunque dicho sea de paso,
De su cuerpito, otras partes,
Concebidas con gran arte,
No abrumaban por retrasos.

Estoy viejo y en mi seso
Creo aún hasta ahurita
Que nació con una boquita
Para dar muy dulces besos.

No me consta, desde luego,
Si eran cortos o eran largos,
Pero apuesto que nunca amargos,
Y en vez de helados, con fuego.

La chica de allá San Pancho
Ya estaba en sus años doce
Y al menos con ella un roce
Pretendíase con rico gancho.

Querían los cunumis todos,
Por lo menos esto recuerdo
Con la tozudez del lerdo,
Que nos soplase de buenos modos

Una brisilla perfumada,
Para con buena gimnasia
Conquistar la dulce gracia
De ser el par de una hada…

Mas yo era un mala pata
-llegué a pensar ese día
en que quise con porfía
dar a la chica en la mata,

Mi intrepidez fue un fiasco
Pues la muchacha en cuestión
Me sacudió un patadón
Al rechazarme con asco.

martes, 28 de mayo de 2013

A MI MADRE QUERIDA



Franz Magín Moya Choque
Mamita linda! Eres la luz de mí existir
Y ahora me duele verte sufrir
Tu enfermedad, tus dolores, me hacen querer vivir
Para pedirle a Dios vuelvas de nuevo a sonreír.

Día y noche no puedes dormir
Pero no te doblas ante ese penar
Porque no es tu bienestar el que te lleva a luchar,
Sólo quieres por los tuyos al dolor ganar

Es tanta la angustia que a veces te quieres rendir
Y aunque nada sana, ni calma tu sentir
Buscas con paciencia a tu cuerpo engañar
Y el pan de cada día sales a buscar

Esas tus luchas y tu infinito amor
Me harán cuidarte siempre con cariño y valor
No voy a perderte y a tu lado voy a caminar
Buscando el remedio que cure tu mal
Para lograr contigo un lejano final

Te miro y siento tu dolor
Se entristece mi alma y mi corazón
Son grandes tus pesares pero más grande es tu amor
Que hacen de tu vida una lucha con pasión

Cuando estoy a tu lado
Sólo quiero que sientas mi amor,
Devolver tus ganas de vivir
Y los dos juntos volver a reír.

El amor

Por Tania Sáenz

El amor es el dulce y hondo

chillido de las aves,

la sonrisa de las flores,

la angustia y dolor profundo.

Es la paz del alma;

el lucir del sol en el infinito,

el caer de una rama,

el cantar del grillo hacia el viento.

Es la mano amiga que acaricia,

la fiel sonrisa que trae armonía,

la dulce mirada de alegría,

los ojos adivinos de un nuevo día.

Es el tierno hablar,

el sueño profundo,

el pasear del vagabundo,

el sonreír y el cantar

en un amor sin mundo.

Es el sentir del corazón

el caminar lento del mundo

el tener una ilusión,

y el cariño más profundo.

Así como el gallo canta

más trina el canario

y de alegría un niño salta,

es el amor solitario.

Las notas de melancolía

el amor mata en una boca,

más convierten en melodía

las tristezas que sofoca.

Amor multicolor de una mariposa

amor que brota de una rosa,

amor natural del viento,

amor que no deja decir

lo que por ti siento.

domingo, 26 de mayo de 2013

Prosa de la calavera

José Emilio Pacheco


Como Ulises me llamo Nadie. Como el demonio de los Evangelios mi nombre es Legión.

Soy tú porque eres yo. O serás porque fui. Tú y yo. Nosotros dos. Vosotros, los otros, los innumerables ustedes que se resuelven en mí.



Omnipresente como en Tenochtitlán, donde mi imagen recordaba a todos y a toda hora la conciencia del fin. El fin de cada azteca y la cultura azteca.



Después fui, al punto de convertirme en lugar común, símbolo de la sabiduría. Porque lo más sabio es también lo más obvio.

Como nadie quiere verlo de frente nunca estará de sobra repetirlo:

No somos ciudadanos de este mundo sino pasajeros en tránsito por la tierra prodigiosa e intolerable.

Si la carne es hierba y nace para ser cortada, soy a tu cuerpo lo que el árbol a la pradera; no invulnerable, tampoco perdurable; sí material más empecinado o resistente.

Cuando tú y todos los nacidos en el hueco del tiempo que te fue dado en préstamo acaben de representar su papel en este drama, esa farsa, esta trágica bufa comedia, yo permaneceré por largos años: descarnada desencarnada.

Serena mueca, secreto rostro que te niegas a ver (arráncate la máscara: en mí hallarás tu verdadera cara), aunque lo sabes íntimo y tuyo y siempre va contigo.

Y lleva adentro, en fugaces células que a cada instante mueren por millones, todo lo que eres: tu pensamiento, tu memoria, tus palabras, tus ambiciones, tus deseos, tus miedos, tus miradas que a golpes de luz erigen la apariencia del mundo, tu alejamiento o entendimiento de lo que irrealmente llamamos realidad.

Lo que te eleva por encima de tus olvidados semejantes, los animales, y lo que te sitúa por debajo de ellos: la señal de Caín, el odio a tu especie, tu capacidad bicéfala de hacer y destruir, hormiga y carcoma.

En vez de temerme o ridiculizarme por obra de tu miedo deberías estarme agradecido. Sin mí qué cárcel sería la vida en la tierra. Qué tormento si nada cambiara ni envejeciera. Y durante siglos y siglos de desesperación sin salida la misma gente diera vueltas y vueltas a la misma noria.

Gracias a mí todo es inexpresablemente valioso porque todo es efímero y jamás se repite.

Único es cada instante y cada rostro que en ese instante aflora por el camino vertiginoso que lo conduce hacia mí.

Porque voy con ustedes a todas partes.

Siempre con él, con ella, contigo, esperando sin protestar, esperando.

De los ejércitos de mis semejantes se ha forjado la historia.

De la pulverización de mis añicos está amasada la tierra.

Reino en el pudridero y en el osario, en el campo de batalla y en los nichos en que (por breve tiempo) se venera a las víctimas de los que ridículamente llaman la gloria.

Y no es sino la maligna voluntad de negarme, el afán estúpido de creer que hay escape y por medio de actos y obras alguien puede vencerme.

Actos y obras llevan también su sentencia de muerte, su calavera invisible; único precio de haber sido.

Contigo, hermana mía, hermano mío, me formé de tu sustancia en el vientre materno. Volverás a la oscura tierra y yo, que en cierta forma soy tu hija, heredaré tu nada y tu nombre.

Seré tus restos, tus despojos, tus residuos, tus sobras: el testimonio de que por haber vivido estás muerto.

Así, quién lo diría, yo –máscara de la muerte– soy la más profunda entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos.

Si bien sólo perduraré por breve tiempo, de todos modos muy superior al que te concedieron.

A menos que me aniquiles con tu carroña, aceleres por medios técnicos o por lo imprevisible el proceso que tarde o temprano conduce a nuestra última patria; la ceniza de que tú y yo estamos hechos.

Y al hacerme desaparecer junto contigo me prives de la última voluptuosidad: sentirme superior a los gusanos que nacen de tu cuerpo a fin de terminar con tu cuerpo (y apenas me rozan con sus viscosidades).

Después de todo me siento afín a ellos porque también soy innombrable.

Pero mientras la carne me disfraza y las células interiores me electrifican soy (al menos para ti; cada una/cada uno) el ombligo del mundo, el centro del universo.

Toda belleza y toda inteligencia descansan en mí –y me repudias. Me ves como señal del miedo a los muertos que se resisten a estar muertos, o a la muerte llana y simple: tu muerte.

Porque sólo puedo salir a flote con tu naufragio. Sólo cuando has tocado fondo aparezco.

Pero a cierta edad me insinúo en los surcos que me dibujan, en los cabellos que comparten mi gastada blancura.

Yo, en tu verdadera cara, tu apariencia última, tu rostro final que te hace Nadie y te vuelve Legión, hoy te ofrezco un espejo y te digo:

Contémplate.

El mar sigue adelante

Entre tanto guijarro de la orilla

no sabe el mar

en dónde deshacerse



¿Cuándo terminará su infernidad

que lo ciñe

a la tierra enemiga

como instrumento de tortura

y no lo deja agonizar

no le otorga un minuto de reposo?



Tigre entre la olarasca

de su absoluta impermanencia

Las vueltas

jamás serán iguales

La prisión

es siempre idéntica a sí misma



Y cada ola quisiera ser la última

quedarse congelada

en la boca de sal y arena

que mudamente

le está diciendo siempre:

Adelante



Aceleración de la historia

Escribo unas palabras

y al minuto

ya dicen otra cosa

significan

una intención distinta

son ya dóciles

al Carbono 14

criptogramas

de un pueblo remotísimo

que busca

la escritura en tinieblas.

sábado, 25 de mayo de 2013

Si tienes una madre todavía

Por N. NEUMAN

Si tienes una madre todavía

da gracias al Señor que te ama tanto,

que no todo mortal cantar podría

dicha tan grande ni placer tan santo.

Si tienes una madre sé tan bueno

que ha de cuidar tu amor su faz preciosa;

pues la que un día te llevó en su seno

siguió sufriendo y se creyó dichosa.

Veló de noche y trabajó de día,

leves las horas de su afán pasaban;

un cantar de sus labios te dormía

y al despertar, sus labios te besaban.

Enfermo y triste te salvó su anhelo,

que sólo el llanto por “su bien querido”,

milagros supo arrebatar al cielo

cuando ya el mundo te creía perdido.

Ella puso en tu boca la dulzura

de la oración primera balbucida,

y plegando sus labios con ternura

te enseñaba la ciencia de la vida.

Si acaso sigues por la senda aquella

que va segura a tu feliz destino,

herencia santa de la madre es ella,

tu madre sola te enseñó el camino.