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sábado, 10 de marzo de 2018

Cavando piedra

Violeta Luna (ecuatoriana)

De qué nos sirve el día,

si luego de gozarlo

la noche borra todo.

De qué nos sirve el agua,

si luego de beberla

nos duele hasta los dientes.

Por construir la vida

como una casa aparte,

tenemos que echar mano

de todo el barro ajeno.

Y para poner puertas

que den a la esperanza,

hay que cavar a diario

sobre la piedra de otros.

De qué nos sirve el alma

si a fuerza de gastarla

se nos reduce el cuerpo.

De qué nos sirve el sueño,

si por soñar despiertos

nos roban hasta el aire.

Por parecer felices

alzamos la cabeza

hasta estrellar los sueños.

Satisfactoriamente

nos damos media cara.

De qué nos sirve el tiempo,

si todo lo que se anda

nos dura más de un siglo.

De qué nos sirve el hambre

si nunca la colmamos.

Para que todos rían

tenemos que ir a escena

y hacer de marionetas.

Para tener empleo

debemos estirarnos

y hablar con doble lengua.

Y para que nos crean

mentimos con estética.

De qué nos sirve todo

si a cambio de nosotros

nos dan siempre migajas.

De qué la vida misma,

si a cambio de la vida

nos premian con la muerte.

martes, 29 de agosto de 2017

El amanecer

Pedro A. de Alarcón

Blando céfiro mueve sus alas,

Empapadas de fresco rocío:

De la noche el silencio sombrío

Algún ave se atreve a turbar.

Las estrellas, cual sueños se borran. . .

Sólo brilla magnífica una. . .

¡Es el astro del alba! La luna

ya desciende, durmiéndose, al mar.

Amanece: en la raya del cielo

Tenue brilla una cinta de plata,

Que, deshecha en flotante escarlata,

Esclarece la bóveda azul:

Y montañas y selvas y ríos

Y del campo la espléndida alfombre

Roto el negro capuz de la sombra,

lucen nieblas de cándido tul.

¡Es el día!. . . Los pájaros todos

lo saludan con arpa sonora,

y arboledas y cúspides dora

el intenso lejano arrebol.

El Oriente se incendia en colores. . .

Los colores en vívida lumbre. . .

¡Y por encima de la áspera cumbre

sale el disco inflamado del sol!

martes, 4 de julio de 2017

Canción de invierno

En estos tristes días, tan brumosos de invierno,

en que el sol, siempre ausente, nos niega su calor,

mi corazón ardiente, que es, a la vez, tan tierno,

reclama como nunca, la fuerza de tu amor.

Y en estas noches hondas, tan hondas como abismos,

tan largas, tan calladas, tan negras y tan frías,

me invade la nostalgia de mis romanticismos,

y lloro más que nunca, mis muertas alegrías. . .

Todo parece, en torno, que copie mi tristeza,

como si envuelta fuera mi dicha entre las brumas. . .

¡Si hasta en el aire creo notar la sutileza

de un llanto que se quiebra como un montón de espumas. . .!

¡Qué triste yo me siento con este sol de invierno,

que casi nunca brilla, y no nos da calor. . .!

Mi corazón ardiente, que es, a la vez, tan tierno,

reclama como nunca, la fuerza de tu amor. . .

Josefina de Cepeda y de la Hoz

lunes, 6 de junio de 2016

De otoño y hojarascas

Por: Gabriela Ponce


He pintado los tonos de mi sombra

con el color sereno de tu mirada

en tonalidades de otoño y hojarascas.



Tu mirada de cristales transparentes

donde puedo asomarme

al jardín etéreo de tu alma.



Por eso cuando callas

solo habla tu mirada,

donde se respiran aromas suaves

en la cercanía de tu aliento.



Quiero escucharte en mi silencio,

en un solo sentimiento.

Y la memoria no tiene recuerdos previos,

solo una manifestación de interés renovado.



En tu escena sin saberlo

con mis mejores líneas,

la cordura es solo poesía.



Dentro de mi sueño eterno

con tu voz susurrando a mi oído

en el lenguaje perfecto.

martes, 24 de febrero de 2015

Lluvia sagrada

Lluvia sagrada

González Carbalho

Tiendo a la lluvia fría la mendicante mano

y amanece mi espíritu sintiendo su frescura.

Se hacen nido mis manos en la alegría pura

de aprisionar en ellas un corazón hermano.

Y el inseguro cuenco pleno de agua llovida

subo a mi boca y bebo la pureza del cielo.

–¡Agua de Dios!–exclamo, renacido al consuelo

de haber con agua virgen bautizado mi vida.

Y el alma profetiza que esta es lluvia sagrada,

amor para el que tiende su mano de mendigo;

palabra hecha de llanto que Dios dice a su amigo

el hombre que ha sufrido y ya no espera nada.

Dios bendice mis manos con lluvia de cariño,

y aunque me amargan duras tristezas de la vida,

anidando el espíritu de la lluvia caída

siento las manos nuevas como el alma de un niño.

Mañana, si un amigo me estrechara la mano,

se ha de sentir contento sin saber el motivo,

y así con mi recuerdo marchará pensativo

y tendré, por las calles del mundo, un nuevo hermano.

Y hoy, huérfano de fuerzas, cuando vaya a mi lecho,

me habré de persignar sin haberlo pensado,

y soñaré esta noche lo que nunca he soñado

porque estarán cruzadas mis manos sobre el pecho.