martes, 26 de marzo de 2013

Litoral

Gerardo A. Tapia

Dónde estás… Lozanía de mi alma

pedazo de cielo azul claro escoltado de nubes grises

dónde estás niebla obscura de ternura y libertad

indomable pedazo de valor y corazón

dónde estás... Dónde estás hija mía

dónde estás Litoral…

pedazo de mi ser y mi espíritu… dónde estás

arrancada de mi pecho y de mi alma, por la codicia y odio del invasor

No hallo consuelo en tu olvido, no hallo consuelo en el susurro del viento

Que dice… que estás bien

que vives lejos de mi, sin saber nada de mi

escucha Litoral… escucha el clamor del mar

Escucha el clamor de tu madre… Bolivia

Escucha por que eres hija mía arrancada de mi seno más profundo

Que un día obscuro y funesto, te arrancaron de mis brazos de amor y ternura

Invasores armados de odio, decidieron tu suerte… lejos de mí

Mi hija amada Litoral, dónde estás…. Clama tu madre y toda América

Acaso no recuerdas la sangre de valientes hombres

Que uno sólo se batió contra cien chilenos

Que prefirió morir antes de verte caer ante el funesto invasor

Luces de recuerdo naufragan en tus costas… es el eco de valientes fragatas peruanas

Que al oír del ultraje, de tu invasión se lanzó contra el infame invasor…

Sólo estoy aquí pérdida… Con un inmenso vacío en mi pecho

No hallo consuelo en el grito ¡que volverás! … ¡que volverás!

¡Que volverás a Bolivia otra vez….!

La que sueña con el mar

Martha Gantier B.

Le dijeron que era azul,

Azul cobalto,

Azul cielo

Azul de Prusia

Azul rey, azul oscuro,

Azul claro, azul verdoso

Azul, azul, azul. . .

Tiene más de cien años,

Millones de quenas llorando en su alma

Y aun sueña en azul

domingo, 24 de marzo de 2013

El portero

Era apenas el portero
de la escuelita fiscal,
más se daba un aire tal,
-con su paso sillonero-,

De algún maestro augusto,
que si en su recorrido
daba con desprevenidos,
le provocaba gran susto.

De todo tenía un poco
el tan singular portero,
si hasta era relojero
aparte de zonzo y loco.

Ponía el mayor afán,
el portero de la escuela,
en acosar muchachuelas
presumiendo de galán.

“¡A mí no hay profesora,
-proclamaba engreído-,
que no me diga al oído
venite con quien te adora!...

Si hasta afirmó sobrador,
sin teñirse de rubores,
que lo requirió de amores
un severo director;

Para añadir muy campante
que igual todo lo excita,
desde la humilde hormiguita
hasta el trompudo elefante.
cobró fama de embustero,
de charlatán consumado,
pero seguía entorchado
el engreído portero.

Hasta que el presunto guapo,
-vale decir, el portero-,
fue visto tras un ropero
con su muñeca de trapo.

La miraba y sonreía,
con gran goce la sobaba
y hasta bizco se quedaba
en tanto la desvestía

martes, 19 de marzo de 2013

Verde, que te quiero verde

Federico García Lorca

Verde, que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

Y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

Ella sueña en su baranda,

Verde carne, pelo verde,

Con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

Las cosas la están mirando

Y ella no puede mirarlas.

Verde, que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha

Vienen con el pez de sombra

Que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

Con la lija de sus ramas,

Y el monte, gato garduño,

Eriza sus pitas agrias.

Pero, ¿quién vendrá? ¿Y por dónde?

Ella sigue en su baranda,

Verde carne, pelo verde,

Sonando en la mar amarga.

-Compadre, quiero cambiar

Mi caballo por su casa,

Mi montaña por su espejo,

Mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

Desde los puertos de Cabra.

-Si yo pudiera, mocito,

Este trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo

Ni mi casa es ya mi casa.

-Compadre, quiero morir

Decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser,

Con las sábanas de Holanda.

¿No ves la herida que tengo

Desde el pecho a la garganta?

-Trescientas rosas morenas

Lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

Alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

Ni mi casa es ya mi casa.

-Dejadme subir al menos

Hasta las altas barandas,

¡Dejadme subir!, dejadme,

Hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna

Por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres

Hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

Farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal

Herían la madrugada.

Verde, que te quiero verde,

Verde viento, verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento dejaba

En la boca un raro gusto

De hiel, de menta y de albahaca.

-¡Compadre! ¿Dónde está, dime,

Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara,

Cara fresca, negro pelo,

En esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe

Se mecía la gitana.

Verde carne, pelo verde,

Con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

La sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

Como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos

En la puerta golpeaban.

Verde, que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

"A mi San José"

De: Juan Eloy GuzmánLaura
Orgulloso yo llevo

en mi corazón

la poderosa "V" azulada

en cualquier lugar del país

brillas como un sol

*V*

Equipo de mis amores

nunca desmayes

porque tú nos diste

el orgullo de ser

orureños de verdad.

*V*

Con pundonor deportivo

te ganaste el lema de:

"San José es Oruro y

Oruro es San José"

*V*

Palabras que representan

la unión de todos

tus seguidores quirquinchos

en esta alta tierra de los Urus.

*V*

Y como hoy mi San José

como hoy, mañana y siempre

quiero que seas campeón

por el resto de mis días.

*V*

¡Adelante mi San José!

¡Adelante sin desmayar!

¡Viva mi Oruro, y…

Viva Bolivia!... Carajo…



De corazón para los

hinchas y seguidores del equipo más taquillero en toda Bolivia.

(* ) Profesor de Literatura

CEMA "Simón Rodríguez Carreño"

lunes, 18 de marzo de 2013

Memorias

Por: Amanda Balderas de Soria
¡Oh mi linda ciudad!

tierra de leyendas y tradiciones

de poemas y canciones

de hombres pioneros

audaces y tesoneros.



En la guerra del Pacífico

luchó contra todos los cínicos

Ildefonso Murguía el encumbrado

fue comandante de los Colorados.



Con su espada cegó la opresión

dando a Bolivia liberación,

fue Sucre el gran Mariscal

que fundó el primer templo del saber,

en el colegio Bolívar

centenares aprendieron a leer



Aniceto Arce fue el protagonista

plasmando sus ideas progresistas

trayendo el tren por caminos de acero,

por la Patria así demostrando su esmero



A César Achaval y José Encinas Nieto

les debemos las autorías

y entonamos con algarabía

el himno que a orureños identifica.



Fue tu hijo el primero

¡El intrépido Juan Mendoza!

que irrumpiendo en alto vuelo

conquistó tu diáfano cielo.

¡El primero de la aviación en la Patria!,

grabando con letras de gloria

su nombre por siempre en la historia.



Instaurando principios y límites

creando decretos y leyes,

es a Pantaleón Dalence, abogado notable

que hoy Oruro recuerda

por su labor destacable.



Simón Patiño fue por años

el único rey del estaño,

explotando la veta "Salvadora"

que como ésta no hubo hasta ahora.



Pronosticando el éxodo de orureños

Gilberto Rojas nos dejó el consuelo,

para recordar nuestro querido suelo

con la cueca "Adiós Oruro del Alma"

que en la angustia nos llena de calma.



Como el dulce trinar del ruiseñor

es Zulma Yugar, que en sus canciones

lleva nuestra música por el mundo,

el rojo, amarillo y verde

con el sentimiento más profundo.



Y alguien tenía que sentar precedente

que Oruro está en el planeta presente

es el subdecano nacional,

LA PATRIA siempre leal

brindando a su pueblo información,

Enrique Miralles hombre destacado

el ejemplo en periodismo deja como legado.



Son hijos o querendones de este pueblo

que marcaron su paso por la vida

y hoy los recuerda la historia

honrando así su memoria.

domingo, 17 de marzo de 2013

Los pájaros

Felipe García Quintero

Los pájaros

Los pájaros clavan sus picos en mi carne.

Sobre mis palmas reposan. Beben el agua de mis ojos y mi lengua calla. La dicha de ser su alimento no me alcanza.

Otra será mi gloria, no los cielos.

Con amor de piedra



El pájaro mira en el agua el cielo cautivo.

Gota a gota lo rompe.



Y a sorbos el reflejo de las alturas.



Al tornar la mirada del aire

–ese volver al aire la mirada–

llenos de sed sus ojos tiemblan.



Soy el excusado



Soy el excusado, la triste versión de un caballero andante en tierras de la mancha. No tengo armas ni escudero que sean mi voz en el camino. No poseo Dios ni Rey. El nombre de mi señora lo he olvidado entre los árboles de una noche sin luna. He perdido todas las cosas que vienen del mundo.



Ahora siento que nunca he abrigado el amor, solo estas piedras afiladas atesoro para mi pecho. Desde aquí no veo ya el sol no escucho cantar el agua del río, hablo de ellos solo en mi penumbra.



Mi laúd ya no tiene cuerdas y bajo su madero, miro las polillas multiplicarse.



Una noche



Una noche siendo yo un niño, mi padre me dijo –ya no recuerdo las palabras–: escóndete en la casa, luego te

buscaré.



Sigo escondido, esperando.



Uno cree



Uno cree en la escritura. Que la escritura es aire, y basta.



Mas el lenguaje habita la intemperie de la casa, persiste en la humana gravedad.



Porque escribir es cargar con la procesión de tu vida, con los enseres que no caben en otro rincón que no sean los días, que uno tras otro son la nada.



Porque la muerte es irse y ya.



Y es la voluntad del amor el morir.



Sí, el amor del morir, la única escritura.



La cabra



Como Umberto Saba, he hablado a una cabra. Y como hoy yo mismo, estaba sola en el prado, atado, como ella también de noche, a un viejo laso, ahíto de hierba. Bañado por la lluvia, igual, balaba.



Ese su balido, como ahora el poema, era fraterno a mi dolor. Será porque yo hablé primero que la cabra entonces se acalló. Y porque el dolor es eterno, dice el poeta, tiene una sola voz y nunca cambia.



Mi voz escuché al gemir de la cabra solitaria.



Evito las palabras



Evito las palabras. A cada palabra evito las palabras.



Con cada paso. Cuando escribo no quiero usarlas; no quiero tocarlas cuando hablo.



Escribo para dejar de escribir.



El hambre



El hambre es alimento de la fe.



Tengo hambre –dice el alimento–

Soy tu alimento –responde el hambre–



El pensamiento calla. El silencio escribe.



Y la escritura se niega a saciarles su fatiga de ser lenguaje.



(soy tu silencio –dice el lenguaje–

soy tu escritura –grita el silencio– etc…)



Aquí los alimentos



Aquí los alimentos detienen su transformación. Se agolpan en la garganta como niños muertos en la luz del vientre, el amado sepulcro.



Aquí los pasos no avanzan, no llevan ni traen, aunque se escuchen alejarse cuando llegan y tropiezan con uno adentro. Aquí la casa no es abrigo sino un pozo cegado.



Aquí la escritura no llama, no alumbra.



El alimento no alimenta, los pasos no parten ni llegan: caen y caen en una sola música vacía. Aquí la voz se pierde entre sus oscuros cuartos.



Aquí no es un lugar