jueves, 6 de diciembre de 2012

La vieja casona

Tan vieja como el Sur era
Aquella casona del centro
En que se daban encuentros
De bultos y calaveras

Y en que metía sus patas,
Junto con su larga cola,
Casi nunca una vez sola
Y siempre por poca plata.

El Diablo, señor, en persona,
Que de tan flaco que estaba
Marchaba chispeando sus tabas,
Y dejando su olor a chalona.

El Diablo aquel de pie y cabeza
Se alborotaba con los surazos
Y se bebía como cien vasos
De culipi tibio o fría cerveza.

Igual lo sólido le caía
A ese Diablo desmañado
Lo sólido bien sazonado
Que con hambruna engullía.

Merodeaba los rincones
De la mentada casona
Haciendo gala en persona
De cazador de ratones

Que luego, según se decía,
Él mismo al buche mandaba
Y que jamás cocinaba
Ni de noche, peor de día.

Lo de comer le era ingrato
Al singular personaje,
Sobre todo en esos gajes
De lidiar con otros gatos.

En la casona mentada
Había que tapar los oídos
Para no sentir ruidos
De almas descontroladas.

Ardían a veces los fuegos,
Del infierno, ¡si señores!
Que santos y pecadores
No paraban con sus ruegos.
(Sigue)

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