Paul Auster
jueves, 16 de mayo de 2013
Fragmento del frío
Paul Auster
miércoles, 15 de mayo de 2013
Soneto 116
Si las almas sinceras quieren unir su suerte,
No admito que se impida su matrimonio fiel.
No es amor el que muda cuando mudanza advierte
O se inclina a alejarse cuando se aleja de él.
Es signo inconmovible, tan fuerte que no cede
Ante las tempestades; astro cuyo fulgor
Guía a los navegantes y, aunque medirse puede
Con precisión su altura, se ignora su valor.
El amor no es juguete del tiempo, aunque las rosas
De labios y mejillas la hoz venga a segar.
Al amor no lo alteran las horas presurosas:
Resiste hasta que llega la sentencia fatal.
Y si se me probara que estoy en un error,
Nunca escribí yo nada, ni sintió nadie amor.
Traducido del inglés por Nicolás Matienzo.
martes, 14 de mayo de 2013
Dicha que se fue
De dónde me llegas, recuerdo;
de dónde y a qué?
Sus horas, mis horas
rodaron a un tiempo y el tiempo se fue.
En playa profundas
supimos gustar el amor.
Hoy llegan las olas y cantan y mueren
y aquéllas, oh vida no son.
Cantaban entonces muriendo de dicha.
La dicha era nuestra, las olas jamás.
El ir de la vida las cambia rodando. . .
Rodando en lo eterno del mar.
¿De dónde me llega el recuerdo?
¡Oh, tu lo alimentas, mujer!
Escuchas acaso marinos rumores
y piensas: amor, amor es.
Amor de otras vidas, placer de otras almas. . .
Es eso tan sólo. Mas tu, como yo,
escuchas el eco
que el corazón,
y sólo un momento, tan sólo un momento
un lento sollozo despierta al amor.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Más de los vecinos
Que tuve en mi vida que andar,
Aunque quiera no puedo olvidar
Los que seguí en pos de mi destino.
Pocos fueron rectos, muchos torcidos,
Arenosos los más y largos como novenas
Que hacían más pesada mi santa pena
Y protestar por mi suerte de malparido.
Quejoso me desplazaba de sur a norte
Y en mi cabeza jugueteaba enloquecida
La imagen mía culminando mi perra vida
Con medalla de cuero por mi aporte
De tremendos callos y grandes juanetes
Que me arrancaban lastimeros quejidos
Que más parecían perrunos ladridos
Que el vulgo bautiza como la gran siete.
Se me hizo en la garganta un ciego nudo
Cuando cuenta me di que en vez de jaleos
Para premiarme por todos mis meneos,
Me estaba volviendo in extremis morocudo
(continuará)
martes, 7 de mayo de 2013
Cantos de amor
CUANDO a mí llegó el amor
envuelto en celeste gracia
Dios hizo un milagro nuevo
y en mi noche se hizo el alba.
Me trajo el cielo en sus ojos
y la dicha en su palabra
y en sus labios la dulzura
que ha tanto tiempo esperaba.
Por eso por este amor,
en la torre de mi alma
toca un carillón a gloria
con sus alegres campanas.
Sonad campanas de oro.
Sonad campanas de plata.
Sonad que se están queriendo
un poeta y una santa.
LAS SENDAS INÚTILES
De nada me sirves, senda,
si no me llevas a Ella.
Yo te envidio, ¡oh! pajarillo,
que vives ebrio de fiesta,
porque tienes el amor
de tu feliz compañera.
No cantarías así
si, como yo, padecieras
esta enfermedad extraña
que me produce el no verla.
Por eso voy a cantar
–pues quiero que Ella lo sepa–
la copla que el corazón
compuso entre pena y pena:
“Caminos tiene los cielos.
Caminos tiene la tierra.
Pero de nada me sirven si no me llevan a Ella”.
viernes, 3 de mayo de 2013
Humorada de las tres imágenes
Yo soy un pájaro viejo
Que tuvo su buena voz.
Y ahora vive del eco
De las cosas que cantó.
Yo soy una pobre fuente
Secada por dejadez.
Y ahora en vez de manar
Apenas si tiene sed.
Yo, en fin, soy un árbol muerto
Que espera a que el leñador
Lo tale y después lo venda.
¡Lo venda al mejor postor!
miércoles, 1 de mayo de 2013
Poeta y periodista
la más cercana a Los Pozos
a donde un perro rabioso
siempre a la luna ladra.
Pelo entrecano y de poeta,
a sus tantos conocidos
de mil caminos perdidos,
alcanzaba a su tarjeta
en que se leía de lejos:
“abogado y periodista
de diarios y de revistas,
consejero sin consejo.
Sacaba a la calle quieta
su silla desvencijada
y adoptaba la parada
convincente del poeta.
Suspiraba estremecido
poniendo en blanco los ojos
y conforme a sus antojos
dejaba escapara bufidos
al paso de alguna moza,
a la que decía al tiro,
siempre en medio de suspiros:
“¡Mi dulce reina, mi diosa!”
Para jurarle después,
tras una venia ensayada,
que con solo una mirada
rendido caería a sus pies.
Hasta el jopo endeudado,
empezó a andar a lances;
entonces tuvo un percance
de todos muy comentado:
Su deuda en la pulpería
llegaba ya a las nubes
y seguía sube y sube,
le dijo el pulpero un día:
“¡O me paga periodista,
o le apretó el cogote!...”
salió el poeta al trote,
se perdió hasta hoy de vista
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