domingo, 30 de septiembre de 2012

Un vecino togado

De profesión abogado,
Vivía al lado de mi casa,
Y aunque no tenía ni traza
¡Ay! Presumía de togado.

Se contoneaba cual un pavo
Sin a nadie dar saludos
Pues su lengua se hacía nudos
Y le temblaba hasta el rabo.

El abogado de marras
No era malo ni era bueno,
Pero su voz, como un trueno,
Retumbaba allí en las farras.

Se buscaba en él con afán
Algo grande y saliente,
Y decían “feos sus dientes
Y su manzana de Adán”.

¿Algún rasgo le cae bien?,
inquirían unos y otros…
Tal vez su pinta de potro
Y sus canas en la sien,

General respuesta era
Que muy pocos aceptaban
Y entre sí se preguntaban,
¿De dónde tanta burrera?

¿Las lleva todas consigo
o como al prudente le pasa
deja algunas en su casa
o las carga algún amigo?

Mucho de estrafalario
Llevaba encima el togado,
Es decir nuestro abogado
En su trajín rutinario.

Aunque alardeaba de cauto
En sus círculos sociales,
Un día gastó sus reales
En comprarse un viejo auto.

No viene al caso la marca,
Mucho menos el modelo,
Color negro, cual de duelo,
Saludo abierto a la Parca. (Sigue)

DUERME

Vivana Garron


Mi ángel caído,

acomoda tu cabeza en mi corazón

cierra tus ojos,

ríndete ante el calor de mi cuerpo.



Beso tu frente, mis dedos siguen el ondular de tu pelo

acaricio con la mirada tu pensamiento,

encuentra en mi regazo la paz que buscas

mi ángel lastimado.



Escucho tu respiración agitada,

preso de pesadillas

no corras, enfréntala

no caigas, vuela

y sigue tu camino

conquista tu destino.



Mi tibio regazo te espera

acomódate y vuelve a soñar

cuando bese tu cien

mi ángel lastimado.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Domingo Esteban


De: Viviana Garrón



Si alguien pudiera ver dentro de mí ser

en los pasajes de septiembre negro

cuando esa vez se oscureció mi alma

y un llanto de culpa cubrió mi vida…

verían sangrar los recovecos de mis paredes blancas.

Así te fuiste de mi lado

para nunca más volver

ocho meses en mi vientre

escuchando mi suave voz que te cantaba con embeleso

más oías en silencio apretando tu pequeño puño

dando vueltas en mi ser sintiendo amor materno.

Más mí amado hijo

tu llanto fue quebrantado, naciste aquel día

¡¡y te arrancaron de mis brazos!!

El oxígeno tan noble y puro no te pudo despertar

y aunque tú luchaste ángel mío, no pudiste respirar,

y mi ímpetu bravío quedó en agonía.

La mirada inmisericorde del galeno negligente

indeciso y cobarde me marchito ese día,

más no crean que lo olvido al pedacito de mi ser

mi alma está sumergida en dolor y llanto

mis paisajes no serán jamás perfectos

mis portales florecerán viendo nuevas primaveras

y siempre habrá en mi sendero una blanca florecita

que me acompañe por el paraje hacia tu sonrisa

si pudieran ver dentro de mi ser

en los paisajes de mi alma, verían a mi hijo amado

que jamás he olvidado.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Las casonas

No eran pocas las casonas,
unas con otras unidas
y en que pasaban la vida
montoneras de personas.

En el medio separadas
por un cuguchi un cerco
que ni siquiera los puercos
cruzaban a la apurada.

Del uno y del otro lado
del cerco aquel, espinoso,
los vecinos melindrosos,
con voz a grito pelado,
se saludaban a diario
y hablaban de los sucesos
de grande y mediano peso
y asuntos estrafalarios.

“¿Sabías che que el fulano,
a su cuñada Rupera,
sin darle la voz alerta
pasaba a meterle mano
con semejante entusiasmo
que quedaba la cuitada
de verdad despatarrada
y a él, ni le daba el pasmo?”.

De política se hablaba,
del mismo cerco a través,
y al derecho y al revés,
sin piedad se condenaba
a algún viejo diputado
que careciendo de lumbre,
había hecho una costumbre
de caer siempre parado.
En nuestras viejas casonas
con sus lunas bien prendidas
se veía pasar la vida
desde una antigua poltrona.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Qué queda al final


De: Norma Campero Gutiérrez



Una transparente niebla,

blanca y brillante.

rodea mi pensar,

pues ya nada queda.



A veces no es blanca,

es una oscura manta,

que envuelve mis sentidos,

que amarga mi alma.



Al final no queda nada,

sólo un algo atrás,

que se esfuma cada vez más,

como una historia sin final.

¿Dónde están tus palabras?


De: Norma Campero Gutiérrez



Tu voz a mi oído,

tus palabras a mi corazón,

me alejaron de la razón

y me dejaron sin valor.



Dónde están tus palabras,

aquellas promesas de amor,

se esfumaron sin dejar si quiera sombra,

ni siquiera hicieron caso a mi clamor.



Sólo fueron simples palabras,

como etéreas nubes,

que encantan al mirarlas

y se esfuman en la nada.

martes, 18 de septiembre de 2012

Certidumbre de mujer

Dr. Raúl Pino- Ichazo T.

Lágrimas contenidas no vencen tu dolor

ni las auroras detienen tu desasosiego

por la ansiada igualdad.

Tus ojos, mujer, viven para ver el diáfano día

de la igualdad de los sexos; no para llorar.

Una santa calma te guía con la virtud humilde

de los escogidos para tránsitos históricos

reflejando la luz de tu logro en el distante.

El mundo de súbito tu inteligencia y talento

admira y le regalas la paz que anhela sin

vacilante paso.

Cielo, mar y tierra tu propósito envuelven

trémulos de orgullo por habitante de tan generoso

alma que sus fuerzas revienta por la plena igualdad de

oportunidades donde la discriminación indeseable

huésped es.

La historia humana ¡oh Dios! Está en tu santo nombre

y eres Tu Dios de mujeres y hombres siendo Tu Calvario

para redención y amor no para trato indigno

a tus hijas, las mujeres.

Libera ¡oh Señor! De la oscuridad del abismo al discriminador

y vanidoso hombre o sus lamentos resonaran sin eco

si prueba grandiosa de la igualdad no supera impidiendo el

nacimiento de luz nueva condenando al machista

y a las decrépitas sociedades.

¡Así no pasaran siglos en vano!