Juan Ramón Jiménez
domingo, 30 de junio de 2013
32
Juan Ramón Jiménez
La pone inyecciones
para que nunca llegara,
por mucho de que se estirara,
al rango legal de enfermera?
¿Qué requisito urticante
aquella buena omitía
que nadie la conocía
siquiera de practicante?
De todas las direcciones
sus servicios requerían
y con prisas acudían
donde la Poneinyecciones.
En el barrio, la recuerdo,
muy pálida y menudita,
tan puntual en sus citas
no obstante su andar lerdo.
Mas si tener la etiqueta
formal de las enfermeras,
se daba miles maneras
para endosar sus recetas,
Afirmando de pasada
que el diplomado galeno
ni pizca era de bueno,
de curar no sabía nada.
En casita sin horcones,
que era también pulpería
en que de todo había,
vivía la Poneinyecciones.
“Este remedio es muy fuerte,
-era a veces su fallo-,
les juro que hasta a un caballo
puede causarle la muerte.”
Después, con gran inventiva
la medicina vetaba
y en su lugar recetaba
una buena lavativa.
Un día se hizo chinga
aquella Poneinyecciones…
¡ni huella de sus talones,
se perdió hasta su jeringa!
Gustavo Adolfo Baca
sábado, 29 de junio de 2013
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Juan Ramón Jiménez
viernes, 28 de junio de 2013
31
yo soñaba contigo los sueños de la tuya…
Juan Ramón Jiménez
jueves, 27 de junio de 2013
29
para que se pierda tu indecisa memoria…
Juan Ramón Jiménez
miércoles, 26 de junio de 2013
REMORDIMIENTO
Juan Ramón Jiménez
Poema del fin
Como se desliza el serrín al barrer,
Así, aterciopelada, la piel
Húmeda súbitamente en los dedos.
Oh dobles -coraje, sequedad-
De los hombres, ¿dónde estáis,
Si en mis palmas hallo lágrimas
Y no lluvia?
El agua es de la fortuna,
¿Qué más podría desear?
Si tus ojos son diamantes
Que se vierten en mis palmas,
Ya no pierdo
Nada. Fin del fin.
Caricias, caricias
-Acaricio tus mejillas.
Somos así, orgullosas
Y polacas -Marina-,
Cuando en mis manos llueven
Ojos de águila:
¿Lloras? Mi amor,
Mi todo: perdóname.
Trozos de sal
Caen en mis palmas.
Llanto de hombre, veta
Que en la cabeza retiembla.
Llora. Otra te devolverá
La vergüenza que te hice dejar.
Somos dos peces
Del mis-mí-si-mo mar.
Dos conchas muertas
Labio contra labio.
Todo lágrimas.
Sabor
A armuelle.
-¿Y mañana
Cuando
Despierte?
Marina Ivánovna Tsvetáyeva
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