miércoles, 13 de marzo de 2013

Alegría

Detrás de la cortina veo

nubladamente mi ciudad:

los techos empapados de sol,

la pradera de nomeolvides

del río,

el bosque rojo de las chimeneas,

las flechas inmóviles

de los pararrayos.

Cubos grises

tatuadas de negras ventanas.

Pegados a la tierra

árboles inofensivos

lloran su humildad esclava

en los patios pequeños.

Finos arroyos de miel,

de miel cálida

como el sol de los tejados,

suben y bajan

en marcha circular

por la isla

pálida de mi cuerpo.

El alma, espiral gris perla,

sube a tocar el cielo,

lo abarca de extremo a extremo,

y expandiéndose

hasta aplicarse a su bóveda

ampara y besa

la ciudad querida.

ALFONSINA STORNI.

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